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viernes, 29 de julio de 2011

[educARTE: POESÍA]


"Tardes de escuela" de Miguel Sánchez Robles

Formados los deseos a menudo en el vicio
miraba sin bondad por la ventana
la extensa confusión de tierra roja.
oscilando profunda su lisura
y todo era un elogio silencioso,
un socavón de miel inexpresivo.

Tardes exactas de sabor a metal.
Un puntapié verbal rompía el silencio.
El lápiz circulaba libremente en los ángulos
y acechaban dibujos en los cronos.
Allí estaban los niños de sonrisa impecable
y gestos imprecisos por las bancas más últimas.

Voces aglomeradas hilvanando la tarde.

Moría el otoño a ráfagas
con aves elegantes ovillando bravura
entre los aires dulces del cerezo.

Tardes de olor a tiza,
trajines vanidosos de gramática,
la pizarra encendida con los números,
la h intercalada,
el adverbio de tiempo
y un balbuceo de ojos sin destinos concretos.
Tardes gemelas en mínimos sucesos
tentando la discordia de ingenuo corazón embelesado
para intuir historias de preámbulos lentos
o incómodos latidos de desidia pequeña.

Libros abiertos y alfileres de tinta,
novenos menesteres de academia,
el álbum salpicado de flores arrugadas,
modesto caos de manos,
soñar sobre soñado
y una traviesa inclinación al devaneo.


"Recuerdo infantil" de Antonio Machado

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.

Una tarde parda y fría
de Invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.


"Educar" de Gabriel Celaya

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca,
hay que medir, pensar, equilibrar,
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestro propio barco,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.






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