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viernes, 29 de julio de 2011

[EL DESAFÍO DE LA ENSEÑANZA EN LA ACTUALIDAD]



En el capítulo II: “El desafío de la enseñanza en la actualidad” quiero destacar algunos fragmentos que me llamaron la atención, uno por ser testimonial (“Punto de vista de un niño”) y el otro por ser la clave en cuanto que le dá importancia a la opinión de los alumnos que son quienes, desde su experiencia pueden hacer un análisis de las condiciones de aprendizaje   (“Escuchar a los estudiantes”).

"Punto de vista de un niño
 "Estamos en un caluroso día de agosto. El aire es pesado y húmedo y el sol brilla con fuerza en la habitación —encarada al este— de Sarah. Sarah, que comparte la habitación con tres hermanas más pequeñas, hace ya varias horas que se ha levantado. Se está preparando para el primer día de escuela, y está muy agitada. Aunque no ha dormido mucho la noche pasada, no está cansada. Siente que no puede esperar para ir a la nueva escuela. Hoy empieza la enseñanza secundaria.
 También yo recuerdo la emoción del primer día de escuela. El entusiasmo y la expectación ante la nueva escuela estaban contrarrestados por la inquietud frente a lo desconocido. Solía preguntarme: «¿Cómo será la nueva escuela, los otros alumnos y —lo más importante— los profesores?». Millones de estudiantes en su primer día de escuela comparten las preguntas y la ilusión de Sarah. Algunas escuelas son lugares cálidos y acogedores, con mucho colorido, plantas por todas partes, murales hechos por los propios alumnos, y profesores y estudiantes que te reciben y te dan la bienvenida con una sonrisa. La manera como te sientes cuando entras es lo de menos: siempre sales sintiéndote bien. El lugar entero desprende una energía que parece transmitir una sensación de bienestar.
 Cuando recuerdo cómo fue mi propia educación, puedo ver que cada año escolar traía nuevas experiencias. Algunos profesores exigían que aprendiera; otros me ayudaban a que quisiera aprender. Algunos se reían conmigo; otros se reían de mí. Algunos me hacían llorar; otros querían que me sintiera alegre y feliz. Unos transmitían esperanza; otros desesperación.  Algunos me hacían sentir estúpido; otros, en cambio, me hacían confiar en mi capacidad. En otras palabras, algunos creían que tenían que ejercer un control sobre el aprendizaje, mientras que otros daban libertad para aprender.

 Escuchar a los estudiantes
Los estudiantes nos dicen mucho acerca de sus condiciones de aprendizaje. Cuando les escuchamos, podemos obtener un cierto conocimiento de las razones, tanto de los éxitos como de los fracasos de nuestras escuelas. Por ejemplo, para algunos jóvenes, la escuela es un oasis, un refugio en el que se sienten seguros y a salvo del crimen, las drogas, el maltrato, el frío y el calor extremos, y la monotonía de la existencia en los decadentes centros urbanos. Para otros estudiantes, la escuela es un lugar acogedor, una tierra firme en la que disponen de su única oportunidad para comer caliente. Estaba una mañana temprano visitando una escuela elemental de un barrio marginal cuando vi a un grupo de estudiantes que se amontonaban frente al muro exterior. Era una mañana fría y la escuela iba a abrir sus puertas en unos 15 minutos, a las siete. Cuando les pregunté por qué estaban allí tan temprano, un muchacho delgado y tímido me respondió: «Dentro se está bien y no hace frío; además nos dan el desayuno a las siete y media». Más tarde, la directora me dijo que ella y otros profesores estaban hablando de llegar más temprano por la mañana para que los chicos no tuvieran que esperar fuera con el frío que hacía.
Otros estudiantes, sin embargo, consideran que la escuela es un lugar en el que hay que aguantar muchas cosas para poder así participar en actividades extracurriculares, como fútbol o animación de espectáculos. Y todavía hay otros que creen que la escuela es un sitio maravilloso, lleno de ideas, debates, alegría, amigos y agitación. Un día estuve observando el patio de recreo de una escuela secundaria y vi que a las siete y media de la mañana se convertía en una colmena que hervía de actividad, y en la que los alumnos se mostraban muy animados al tiempo que compartían unos con otros sus proyectos científicos y discutían los detalles de los mismos. También detecté un entusiasmo similar en una escuela superior de North Kansas City, en la que 2.000 estudiantes se quedaban hasta bastante tarde para preparar su exposición de arte, la cual incluía los trabajos de todos ellos y cubría cada metro cuadrado de pared de la escuela. Asimismo, los alumnos hicieron de guías para los padres y visitantes de la exposición, que tuvo una duración de tres semanas.
Muchos adolescentes consideran que la escuela es un lugar para socializarse y conocer a otras personas. Para otros es un territorio en el que vender drogas o compartir pequeñas hazañas criminales cometidas contra otros estudiantes o incluso personas del vecindario. Los medios de comunicación tienden a ser sensacionalistas cuando hablan de estos últimos problemas, en especial aquellos relacionados con la creciente actividad criminal, las drogas o las bandas armadas. No obstante, para muchos estudiantes la escuela es simplemente aburrida."

FUENTE: Carl Rogers y H. Jerome  Freiberg, “Libertad y creatividad en la educación”, Cap. II: el desafío de la enseñanza en la actualidad, 3º edición, 1996.

Si bien hay quienes dicen que "hay tantas verdades como personas en el mundo", la experiencia de SER alumno está influenciada y determinada por varios factores, ya sean objetivos y/o subjetivos. Lo cierto es que hay que aprobechar el diálogo en clases, maestro-alumnos para enriqueserse mutuamente y tratar de reflexionar y actuar sobre los aspectos no satisfactorios para el estudiante, evitando de este modo la pérdida de interés de los alumnos hacia la educación, acompañándolos en su desarrollo como personas y fuuros profesionales, sin perder de vista el insentivo por parte de los padres y de las autoridades académicas e institucionales para superar los desafíos de la enseñanza actual.

Una vez más te invito a expresarte aportando desde donde estás tu opinión al respecto.
Desde ya muchas gracias por tu tiempo
Atte: Debora Alejandra Weiss

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